1. Introducción y problema
En el tramo de 3 a 6 años —jardín, preescolar, CENDI, escuela infantil— se ha instalado un paquete de tres artefactos que pretenden valer por participación infantil. El primero es un botón de “feedback”: una carita, un pulgar o un ícono que el infante toca y que el centro exhibe como prueba de que “escucha a las niñas y los niños”. El segundo es un avatar que “consulta”: un agente conversacional, un asistente de voz o un personaje en pantalla que formula preguntas, captura respuestas y declara, con ese diálogo, que ya hay voz infantil. El tercero es un modelo que resume la opinión: un sistema que transcribe, agrupa o parafrasea lo que el niño dijo o tocó y entrega un resumen al adulto o a la coordinación como si ese condensado fuera la decisión. Los tres permiten exhibir que el centro “ya hace participación con inteligencia artificial”. El salto —de capturar un input a afirmar que hay participación— no está autorizado ni por el derecho a ser escuchado ni por la evidencia de aulas de inicial.
La tesis de este artículo es restrictiva. Un botón de feedback, un avatar que consulta al niño o un modelo que resume su opinión no constituyen participación infantil. La participación en educación inicial es agencia, escucha situada y decisión compartida con adultos responsables; no un input capturado por una interfaz. Ward y Lundy recuerdan que “voz” no basta: el derecho exige espacio, audiencia e influencia, y que en la primera infancia esos elementos son relacionales, no un canal técnico (Ward y Lundy, 2024). Lundy, Murray, Smith y Ward advierten contra una inflación de derechos que convierte al infante en “experto de su mundo” o en sujeto que debe opinar sobre todo, y recuerdan que el derecho a ser oído se lee junto con el deber del adulto de orientar, proteger y decidir con responsabilidad (Lundy et al., 2024). Un algoritmo que primero extrae un enunciado y después lo resume no está haciendo participar. Está administrando una señal que el adulto no escuchó en situación.
El problema se agrava por una razón de oficio que las fichas de producto no mencionan. La participación no es un evento de captura ni un diálogo con un personaje. Es un proceso en el que niñas y niños influyen, con el adulto como garante, en asuntos que les afectan en la vida cotidiana del centro. Correia, Aguiar y el consorcio PARTICIPA aplican al ECEC el modelo de espacio, voz, audiencia e influencia y subrayan que la participación es más significativa cuando está arraigada en la vida diaria, no cuando se desprende de ella como un módulo (Correia et al., 2022). Confundir el producto —clic, turno de habla con un avatar, resumen— con el proceso es el error de categoría que este trabajo nombra. Inferencia, marcada como tal: el mercado de “IA para la voz infantil” hereda el error y lo automatiza. Convierte la agencia —hecho del oficio y del derecho— en un input que hay que extraer.
Este trabajo no recicla los ejes ya tratados en esta serie. La pregunta es qué cuenta como participación cuando un centro de inicial “hace IA”. Las contribuciones son tres: reconstruir el estado del arte que separa la captura de un input de la agencia y la decisión compartida; examinar tres familias de casos; y ofrecer cuatro pruebas para decidir cuándo un jardín puede afirmar que hay participación, y no solo un input.
2. Estado del arte: de la voz capturada al derecho de participar
Conviene separar cuatro estratos que el mercado de “IA para la voz infantil” suele mezclar. El primero es la participación como derecho y como proceso: espacio, voz, audiencia e influencia, con el adulto como garante, no como operador de un formulario (Ward y Lundy, 2024; Correia et al., 2022; Lundy et al., 2024). El segundo es la evidencia de cómo se construye —o se bloquea— esa participación en aulas de 3 a 7 años (Hicban, Theobald y Mascadri, 2024; Chicken y Tyrie, 2023; Waters-Davies et al., 2024; Holla Sivertsen y Bjørgen, 2025). El tercero es la IA que habla con el infante o resume lo que dice (Xu et al., 2022; Kim et al., 2022; Xu, Branham, Deng, Collins y Warschauer, 2021; Chen, 2024; Su y Yang, 2022; Ljungcrantz, 2026). El cuarto es el marco de derechos en entornos digitales y de alto riesgo, que trata al niño de 3–6 años como sujeto de supervisión humana, de interés superior y, en territorio europeo, de sistemas de alto riesgo cuando la IA determina acceso, admisión, asignación, evaluación o nivel educativo.
En el estrato del derecho, Ward y Lundy (2024) revisitan para la primera infancia los cuatro elementos: el espacio es relacional y emocional, no un canal; la voz de las infancias pequeñas se ve y se oye de modos multimodales, no solo como texto; la audiencia tiene el deber de escuchar de manera activa; la influencia exige que el adulto esté abierto a que las perspectivas infantiles pesen. Lundy et al. (2024) marcan tres malentendidos frecuentes: que todas las infancias pueden, deben y quieren opinar sobre todos los asuntos; que siempre hay que dejarlas aprender “en libertad”; y que son las expertas de su mundo. Estatus: marco de derechos, no ensayo de interfaz. Inferencia, marcada como tal: un botón, un avatar o un resumen automatizado pueden simular el primer malentendido —extraer una “opinión” de todos, sobre todo, en un clic— y el tercero —tratar el output infantil como veredicto—. No cubren audiencia ni influencia. El Comité de los Derechos del Niño exige que se dé el debido peso a las opiniones infantiles en el entorno digital y que esa participación no se traduzca en vigilancia indebida ni en recolección de datos que vulnere privacidad, pensamiento u opinión (Comité de los Derechos del Niño, 2021). Inferencia: capturar para resumir puede ser, exactamente, esa vigilancia con otro nombre.
En el estrato de las aulas, Hicban, Theobald y Mascadri (2024) muestran que los derechos de participación se co-construyen turno a turno: las personas adultas movilizan u obstruyen la oportunidad de que el infante tenga voz. Chicken y Tyrie (2023) hallan, en tres maestras de 3 a 7 años en Gales, que la voz queda acotada por el lugar, el tiempo y las expectativas del adulto. Waters-Davies et al. (2024) sitúan la construcción del niño capaz como umbral. Holla Sivertsen y Bjørgen (2025) oyen a dieciséis infantes de cinco años que perciben la asamblea como posición pasiva. Estatus: hallazgo de proceso, no de IA. Inferencia: cuando la participación “funciona”, no es un input. Es una relación en la que el adulto escucha en situación y comparte la decisión.
En el estrato de la IA, Xu et al. (2022) muestran que un agente conversacional puede replicar beneficios de la lectura dialógica con 117 niñas y niños de 3 a 6 años: más vocalizaciones pertinentes al relato, menos irrelevantes, mejor comprensión. Kim et al. (2022) hallan que un asistente comercial responde de manera apropiada al contenido del habla infantil solo la mitad de las veces, en 28 participantes de 5 a 10 años. Xu, Branham, Deng, Collins y Warschauer (2021) evalúan 143 aplicaciones de voz para infancias: la mayoría no sostiene diálogo abierto ni intercambios prolongados. Chen (2024) mapea 18 artículos, 11 países y 15 081 infancias de 2 a 8 años; Su y Yang (2022) revisan 17 estudios hasta 2021; Ljungcrantz (2026) actualiza 39 estudios de 2020–2024, con pico en 2024 y foco en 4 a 6 años. Estatus: hallazgo de campo de IA, no de participación. Inferencia: elicitar vocalizaciones, transcribir un pedido o personalizar una ruta no es, por ser “diálogo”, participación en el sentido de Lundy. Es captura.
En el estrato de derechos y de sistemas, la Recomendación sobre la ética de la IA exige supervisión humana y atención particular cuando hay niñas y niños (UNESCO, 2021). Miao y Holmes (2023) fijan un umbral de 13 años para conversaciones independientes con plataformas generativas y exigen validación pedagógica. UNICEF (2021) prioriza el interés superior y trata la participación como una de las lentes de una IA centrada en la infancia. El Reglamento (UE) 2024/1689 trata como de alto riesgo, en el anexo III, los sistemas destinados a determinar acceso, admisión, asignación, evaluación de aprendizajes o nivel educativo (Unión Europea, 2024). La Comisión Europea (2022) y el Departamento de Educación de Estados Unidos (2023) coinciden en no sustituir el juicio profesional. OECD (2021, 2023, 2025) ancla la calidad en las interacciones de proceso, documenta la digitalización en ECEC y sitúa las prácticas del personal con las infancias, no un canal de “consulta” al infante. NAEYC (2022) exige práctica apropiada al desarrollo y que las decisiones sirvan a la educación del niño, no a un tablero. Inferencia: un niño de cinco años no es el usuario de un botón de feedback. Es el sujeto de un derecho que un adulto garante ejerce en la actividad, con el grupo a la vista.
3. Método de revisión
Se realizó una revisión narrativa crítica, no un metaanálisis. El propósito fue articular un argumento de categoría pedagógica y de derechos con fuentes verificadas, no estimar un tamaño de efecto homogéneo. Criterios de inclusión: (a) 2021–2026, con el modelo de participación revisitado para la primera infancia (Ward y Lundy, 2024; Lundy et al., 2024); (b) participación como agencia, escucha e influencia, o IA que interactúa con infancias de 3–6 años o resume su habla; (c) relevancia para jardín, preescolar, CENDI o 3–6 años; (d) revista con pares, DOI o informe de NAEYC, UNESCO, OECD, UNICEF, Comité de los Derechos del Niño, Unión Europea, Comisión Europea o departamento de educación; (e) DOI o página editorial verificable. Se excluyeron como objeto central los ejes ya usados en esta serie. La privacidad se cita solo como límite de derechos.
La búsqueda se ejecutó el 26 de agosto de 2026 en páginas DOI, Springer, Elsevier, Wiley, SAGE, ACM, Brill, OECD iLibrary, UNESDOC, UNICEF, OHCHR, EUR-Lex, ERIC, NAEYC y sitios editoriales. Cada fuente se verificó contra al menos una de esas páginas. El análisis distinguió tres estatus enunciativos. Hallazgo empírico: lo observado o medido en la muestra. Marco conceptual o normativo: lo que un marco o un reglamento prescribe. Inferencia pedagógica: la traducción a jardines y CENDI, marcada como tal.
4. Caso 1. Capturar un input no es participar: el botón, el avatar y el resumen
Xu, Aubele, Vigil, Bustamante, Kim y Warschauer (2022) publican en Child Development el ensayo que mejor ilustra el segundo artefacto cuando se lo presenta como “consulta” al niño. Con un diseño factorial 2 × 2 (lectura dialógica o no × agente o humano), asignan al azar a 117 niñas y niños de 3 a 6 años. El agente replica beneficios de la lectura dialógica: más vocalizaciones pertinentes al relato, menos irrelevantes y mejor comprensión. Estatus. Hallazgo empírico de comprensión con un cuento, en laboratorio, no de participación en decisiones del jardín. Los autores no afirman que elicitar vocalizaciones sea hacer participar al niño en los asuntos que le afectan. Inferencia pedagógica, marcada como tal: este es el gesto que un centro copia cuando “hace participación con un avatar”. Se toma un turno de habla o un clic, se le asigna el estatuto de “voz” y se declara el derecho cumplido. Lo que hay es un input. La participación, en Ward y Lundy (2024) y en Correia et al. (2022), pide audiencia e influencia. Un agente que extrae vocalizaciones no mueve la decisión del grupo. La condensa como dato.
Kim et al. (2022) saturan el retrato del asistente que “oye” al niño. En laboratorio, 28 participantes de 5 a 10 años interactúan con un asistente comercial. El dispositivo transcribe el habla infantil más del 84 % de las veces, pero responde de manera apropiada al contenido solo la mitad de las veces. En la conversación libre, el objetivo más común es construir una relación con el aparato. Estatus: hallazgo de 5 a 10 años, no aislado a 3–6; no es hallazgo de participación. Inferencia, marcada como tal: si el aparato responde mal la mitad de las veces, no hay audiencia. Hay un reconocimiento de voz con una tasa de acierto. Un jardín que declara “el avatar consulta al niño” no puede, con esta evidencia, afirmar que hay escucha. Puede afirmar que hay un canal. Xu, Branham, Deng, Collins y Warschauer (2021) evalúan 143 aplicaciones de voz para infancias en Google Assistant y Amazon Alexa: la mayoría no sostiene diálogo abierto ni intercambios prolongados. Inferencia: el mercado de “consulta infantil” ya fracasa en el diálogo sostenido. Fracasa, con más razón, en la influencia.
Chen (2024) publica en el Journal of Artificial Intelligence Research el scoping que mejor nombra las affordances que el mercado traduce como “voz”. Con 18 artículos de 11 países y 16 revistas, cubre 15 081 niñas y niños de 2 a 8 años entre 2005 y 2023; 14 de los 18 textos son de 2020–2023. El análisis temático extrae cuatro affordances; entre ellas, la IA como herramienta tangible o intangible para el aprendizaje interactivo y la recuperación de información, y la IA como objeto que se adapta y personaliza. Estatus: hallazgo de campo, no de participación. Inferencia: interactuar y personalizar son exactamente lo que un botón de feedback y un modelo que resume venden como “el niño opinó y el sistema lo tuvo en cuenta”. Tener en cuenta, en Lundy, es influencia. Personalizar una ruta no es influencia: es un ajuste del sistema sobre el infante, no una decisión compartida. Su y Yang (2022) y Ljungcrantz (2026) saturan el crecimiento: diecisiete estudios hasta 2021 y treinta y nueve en 2020–2024, con pico en 2024 y foco en 4 a 6 años. Estatus: hallazgo de crecimiento, no de equivalencia. Inferencia: el auge de 2024 no autoriza a traducir “más IA que habla con el niño” como “más participación”. Autoriza a preguntar qué hace la IA: si sirve a la escucha del adulto responsable o si captura un input para exhibir un resumen.
El tercer artefacto —el modelo que resume— no tiene, en este corpus, un ensayo de jardín que lo mida como participación. Es inferencia, marcada como tal. Un sistema que transcribe y parafrasea “la opinión del grupo” hereda los límites de Kim et al. (2022) y de Xu, Branham et al. (2021), y el malentendido que Lundy et al. (2024) nombran: tratar al infante como experto cuyo output basta. El Comité de los Derechos del Niño (2021) exige dar debido peso y no convertir la participación digital en monitoreo. Miao y Holmes (2023) excluyen al menor de 13 años. Inferencia: un CENDI que entrega el “resumen de lo que los niños opinaron” no ha hecho participar. Ha hecho un producto. La participación se verifica en si esa perspectiva pesó, con adultos responsables, en una decisión. No se verifica en la existencia del resumen.
5. Caso 2. Lo que el jardín sí hace cuando hay participación: escucha situada y agencia en la interacción
Hicban, Theobald y Mascadri (2024) publican en The International Journal of Children’s Rights el instrumento que mejor nombra, en este corpus, la participación como hecho de la interacción, no como captura. Listening to Voices in Interaction for Participation (LViIP) combina el modelo de espacio-voz-audiencia-influencia con análisis de la conversación para identificar cómo se despliega, turno a turno, la puesta en acto del derecho y cómo las personas adultas movilizan u obstruyen la oportunidad de que el infante tenga voz. Un ejemplo trabajado muestra prácticas que co-construyen el derecho en la educación inicial. La tesis doctoral de la que deriva el instrumento registra 75 horas de video de interacciones educadora–niño y entre pares, en un centro de Queensland, con 15 educadoras y 86 infancias de 15 meses a 5 años (Hicban, 2024). Estatus de la evidencia. Hallazgo empírico y metodológico de proceso: la participación se ve en la secuencia, no en un log. No es hallazgo de IA ni de que un avatar reproduzca ese oficio. El contexto es un centro australiano; no se generaliza a un CENDI latinoamericano. Inferencia pedagógica, marcada como tal: este es el objeto que un centro de inicial puede llamar, con propiedad, participación. Es agencia y escucha situada. Un botón no da audiencia. Un avatar no es garante. Un modelo que resume no co-construye el siguiente turno.
Chicken y Tyrie (2023) saturan el retrato con tres maestras de 3 a 7 años en Gales. Observación, entrevistas y análisis documental muestran que la voz queda acotada por el lugar, el tiempo y las expectativas del adulto; las infancias, a menudo, recuperan el control de modos sutiles. Estatus: N = 3, no de IA. Inferencia: un botón que estandariza el “feedback” borra precisamente esa micro-agencia. Waters-Davies, Murphy, Chicken, Tyrie y Clement (2024) recogen, en una encuesta bilingüe a maestras de 3 a 7 años en Gales, que la construcción del niño capaz opera como umbral. Estatus: percepciones, no observación de aula. Inferencia: un jardín no implementa participación comprando una interfaz. Un avatar que “consulta” puede convivir con una construcción del niño incapaz: el sistema pregunta; el adulto no comparte la decisión.
Barros et al. (2024) añaden veinticinco maestras y veinticinco coordinadoras de ECEC en Bélgica, Grecia, Polonia y Portugal, referidas como implementadoras de prácticas participativas. Los grupos focales, inspirados en el modelo de Lundy, hacen aparecer las cuatro dimensiones: espacio participativo, voz infantil, audiencia de las perspectivas e influencia. Estatus: percepciones de adultas que ya se dicen participativas, no de infancias y no de IA. Inferencia: cuando el personal de inicial nombra la participación, nombra las cuatro dimensiones, no un canal. Correia et al. (2022) habían ilustrado esas dimensiones con ejemplos de los mismos cuatro países y subrayado la necesidad de apoyo organizacional. Holla Sivertsen y Bjørgen (2025) oyen a dieciséis infantes de cinco años en dos instituciones noruegas. Perciben la asamblea como posición pasiva —no se sienten oídas ni con influencia— y el exterior como espacio, voz, audiencia e influencia. Estatus: N = 16, no de IA. Este artículo no lo convierte en un estudio de juego libre: el objeto que se retiene es la posición de influencia. Inferencia: un botón de feedback en la asamblea puede agravar la pasividad que las infancias ya nombran.
6. Caso 3. Influir con adultos responsables no es resumir una opinión
Barblett et al. (2024) publican en el International Journal of Early Years Education el caso que mejor ilustra la influencia cuando se la coloca del lado correcto del oficio. En la actualización del marco australiano de aprendizaje de la primera infancia (desde el nacimiento hasta los 5 años), un proyecto de tres etapas a lo largo de quince meses buscó la perspectiva infantil en cada etapa. Participaron 346 infancias (105, 92 y 149). Educadoras familiares aplicaron dibujo dialógico, círculos de conversación y elicitación con fotografías, con asentimiento infantil. El análisis mostró la importancia de las relaciones con las educadoras, con las amistades y entre educadoras y familias. En febrero de 2023 se publicaron las actualizaciones del marco. Un texto hermano registra la frase de un niño de cuatro años: “¡No somos inútiles, sabemos cosas!” (Barblett, Bobongie-Harris, Cartmel, Hadley, Harrison, Irvine y Lavina, 2023). Estatus de la evidencia. Hallazgo empírico de proceso de política: las perspectivas infantiles entraron, mediadas por adultas responsables y por métodos situados, en un marco nacional. No es hallazgo de IA ni de que un modelo que resume produzca el mismo efecto. Inferencia pedagógica, marcada como tal: este es el único lugar en el que “recoger la voz” se acerca a la participación sin contradecir el marco. Hay audiencia —un equipo que escucha y analiza— e influencia —el marco se actualiza—. Un resumen automatizado de “lo que opinaron esta semana” no actualiza un marco ni mueve una asamblea. Extrae un producto.
Hildebrandt, Macha, Lonnemann y Hildebrandt (2026) saturan el retrato institucional. En tres centros alemanes que implementan el Kita-Beirat —consejo de ECEC introducido en 2021 en Renania-Palatinado, con la obligación legal de considerar las perspectivas infantiles en decisiones conceptuales—, combinan observación participante, entrevistas grupales y métodos liderados por infancias inspirados en el enfoque mosaico. Participan 78 niñas y niños de 3 a 6 años. El análisis muestra que la calidad de la interacción —y con ella la agencia— emerge de tres dimensiones: dinámicas de poder, relaciones y espacio-tiempo. La política del consejo es valiosa, pero su eficacia depende de que el personal pueda inscribir pedagogías relacionales y reflexivas en la práctica diaria. Estatus: etnografía de tres centros, no de IA y no de que un órgano formal baste. Inferencia: un consejo infantil sin escucha situada es el análogo institucional del botón. Un avatar que “consulta” sin que el poder, la relación y el tiempo del aula se muevan es el análogo técnico del consejo vacío. NAEYC (2022) exige propósito. OECD (2021, 2025) sitúa el motor en las interacciones de proceso y en las prácticas del personal. Inferencia: la evidencia de participación se verifica en si la perspectiva pesó, con adultos responsables, en una decisión. No se verifica en el artefacto que la capturó.
La distribución de papeles se confirma por contraste. Xu et al. (2022) elicitan vocalizaciones. Kim et al. (2022) miden un aparato que responde mal la mitad de las veces. Lundy et al. (2024) rechazan tratar al infante como experto cuyo output basta. Inferencia: la IA entra en la participación de inicial, si acaso, del lado del adulto que escucha y comparte la decisión, sometida a validación pedagógica. No entra como interlocutor del infante ni como notario de su opinión. Miao y Holmes (2023) excluyen al menor de 13 años. UNICEF (2021) exige interés superior y participación como lente, no como extracción. El anexo III del Reglamento (UE) 2024/1689 incluye sistemas que determinan acceso, admisión, asignación, evaluación o nivel (Unión Europea, 2024). Inferencia: un sistema que, en un CENDI, resume “la voz del niño” para decidir agrupamientos o itinerarios no es una innovación participativa. Es, en ese territorio, una práctica de alto riesgo si determina asignación o nivel. Fuera de ese territorio, sigue siendo un error de categoría.
7. Marco inferencial: cuatro pruebas para afirmar que hay participación, no un input
El marco que sigue es inferencia pedagógica de este artículo, anclada en los casos y en los instrumentos verificados. No es un nuevo estándar internacional. Distingue cuatro pruebas. Si un jardín, preescolar, CENDI o escuela infantil no las pasa, no puede declarar que un botón de feedback, un avatar que consulta al niño o un modelo que resume su opinión constituyen participación infantil.
7.1. Prueba de la agencia, no del input. Ward y Lundy (2024) sitúan la voz en modos multimodales y relacionales, no en un canal. Hicban, Theobald y Mascadri (2024) muestran la co-construcción turno a turno. Chicken y Tyrie (2023) hallan micro-agencia que recupera el control cuando las prácticas lo limitan. Xu et al. (2022) elicitan vocalizaciones de un relato. Chen (2024) mapea interacción y personalización. Inferencia: la evidencia de participación se verifica en si el infante puede influir, resistir, proponer y ser tomado en serio en la actividad. Si la “evidencia” de que el centro hace participar es un log de clics, un turno con un avatar o un resumen, el centro ha hecho input, no agencia.
7.2. Prueba de la escucha situada, no de la consulta automatizada. Barros et al. (2024) oyen a adultas que nombran audiencia. Holla Sivertsen y Bjørgen (2025) oyen a infantes que no se sienten oídas en la asamblea. Kim et al. (2022) miden un asistente que responde de manera apropiada solo la mitad de las veces. Xu, Branham et al. (2021) hallan 143 aplicaciones que no sostienen diálogo abierto. Miao y Holmes (2023) excluyen al menor de 13 años como interlocutor independiente. Inferencia: el niño de 3–6 años no es el usuario de un modelo que “le consulta”. Es el sujeto de una escucha que un adulto garante ejerce en situación. Si la IA entra, entra como taller o como apoyo a esa escucha, sometida a validación pedagógica. No entra como avatar-consultor ni como taquígrafo del infante.
7.3. Prueba de la decisión compartida con adultos responsables, no del resumen de opinión. Barblett et al. (2024) muestran perspectivas infantiles que pesan, mediadas por adultas, en un marco nacional. Hildebrandt et al. (2026) muestran que un consejo formal no basta sin poder, relación y tiempo. Lundy et al. (2024) rechazan la inflación de derechos y el infante como único experto. Correia et al. (2022) exigen las cuatro dimensiones juntas. Inferencia: un resumen de “lo que opinaron” no es una decisión compartida. La decisión compartida exige que el adulto responsable dé debido peso y rinda cuentas de qué se movió. En 3–6 años, eso se juega en el siguiente movimiento de la vida del centro —cambiar un material, reabrir una asamblea, sostener una propuesta, rechazar con razones una demanda—, no en un párrafo generado.
7.4. Prueba de los derechos y del alto riesgo, no del tablero de producto. El Comité de los Derechos del Niño (2021) exige debido peso y prohíbe que la participación digital se traduzca en monitoreo indebido. UNESCO (2021) exige supervisión humana. UNICEF (2021) exige interés superior. El anexo III del Reglamento (UE) 2024/1689 incluye acceso, admisión, asignación, evaluación y nivel educativo (Unión Europea, 2024). La Comisión Europea (2022) y el Departamento de Educación de Estados Unidos (2023) exigen no sustituir al docente. Inferencia: un centro de inicial no puede tratar al niño como objeto de un veredicto automatizado de “su opinión”. En territorio europeo, un sistema que asigne o evalúe con IA es, salvo las salvaguardas del reglamento, una práctica de alto riesgo. Fuera de ese territorio, sigue siendo un error de categoría: la participación no se cumple capturando mejor. Se cumple ejerciendo agencia, escucha situada y decisión compartida con adultos responsables.
El marco admite la co-construcción en la interacción, las cuatro dimensiones y los procesos en los que la perspectiva pesa con adultas responsables. Rechaza declarar participación por un botón, un avatar o un resumen (Xu et al., 2022; Kim et al., 2022; Chen, 2024; Miao y Holmes, 2023).
8. Discusión
Tres tensiones organizan la discusión. La primera es entre capturar y participar. Es hallazgo que un agente puede elicitar vocalizaciones de un cuento (Xu et al., 2022); que un asistente responde de manera apropiada solo la mitad de las veces (Kim et al., 2022); que 143 aplicaciones de voz no sostienen diálogo abierto (Xu, Branham et al., 2021); y que el campo de IA en ECE creció hasta 39 estudios en 2020–2024 (Ljungcrantz, 2026; Su y Yang, 2022; Chen, 2024). Es marco que la participación exige espacio, voz, audiencia e influencia, con adultos garantes (Ward y Lundy, 2024; Correia et al., 2022; Lundy et al., 2024). No es hallazgo que un botón, un avatar o un resumen produzcan el oficio que Hicban, Theobald y Mascadri (2024), Chicken y Tyrie (2023) y Barblett et al. (2024) observan. Los tres artefactos miden lo que la ingeniería sabe extraer y declaran lo que solo la escucha situada autorizaría.
La segunda es entre el niño como fuente de datos y el niño como sujeto de un derecho. Chen (2024) mapea personalización. Xu et al. (2022) entregan comprensión de un relato. Kim et al. (2022) recogen infancias que buscan relación con el aparato. Holla Sivertsen y Bjørgen (2025) recogen infancias que no se sienten oídas en la asamblea. Inferencia: insistir en que el niño “tenga su canal de feedback” mientras el adulto deja de escuchar en situación es una pedagogía invertida. El input culpa al infante de lo que el proceso no interpretó. OECD (2021) había anclado la calidad en las interacciones. El modelo que resume hace la operación inversa: extrae al niño del grupo y lo devuelve como párrafo.
La tercera es entre el adulto garante y el interlocutor artificial. Barblett et al. (2024) y Hildebrandt et al. (2026) muestran adultas que mediaron perspectivas infantiles hacia decisiones. Miao y Holmes (2023) excluyen al menor de 13 años. Inferencia: el único uso de IA que no contradice la participación en 3–6 años es el que permanece del lado del adulto que escucha y comparte la decisión, sometido a validación pedagógica. Un avatar que consulta al niño porque el sistema necesita un input no lo es.
9. Límites
Esta revisión es narrativa. No aplica PRISMA ni estima efectos combinados. Xu et al. (2022) miden comprensión de un cuento con un agente, no participación en decisiones del jardín; la transferencia a la tesis es inferencia. Kim et al. (2022) cubren 5 a 10 años, no aíslan 3–6. Xu, Branham et al. (2021) evalúan aplicaciones de voz, no centros de inicial. Chen (2024) mapea affordances de IA en ECE 2–8 años; Su y Yang (2022) cubren 1995–2021; Ljungcrantz (2026), 2020–2024. Hicban, Theobald y Mascadri (2024) son un instrumento; el N densamente observado está en la tesis (Hicban, 2024). Chicken y Tyrie (2023) son tres maestras. Waters-Davies et al. (2024) y Barros et al. (2024) son percepciones. Holla Sivertsen y Bjørgen (2025) son dieciséis infantes; no se usan como artículo de juego libre. Barblett et al. (2023, 2024) son un proceso de política, no un ensayo de IA. Hildebrandt et al. (2026) son tres centros. Los textos de Lundy, Correia, UNESCO, UNICEF, el Comité, la OECD y la Unión Europea son de marco. No se localizaron ensayos latinoamericanos de participación e IA en jardín que midan agencia y decisión compartida frente a botón, avatar o resumen. Las inferencias de la sección 7 son hipótesis de categoría pedagógica, no evidencia de implementación.
10. Conclusiones
Un botón de feedback, un avatar que consulta al niño o un modelo que resume su opinión no constituyen participación infantil en un centro de educación inicial. La evidencia verificada no autoriza esa declaración. Un agente puede elicitar vocalizaciones de un cuento; eso es diálogo de lectura, no participación (Xu et al., 2022). Un asistente responde de manera apropiada solo la mitad de las veces (Kim et al., 2022). Ciento cuarenta y tres aplicaciones de voz no sostienen diálogo abierto (Xu, Branham et al., 2021). Las revisiones saturan el crecimiento del campo de IA en ECE sin equivalerlo a agencia ni a influencia (Chen, 2024; Su y Yang, 2022; Ljungcrantz, 2026). En cambio, cuando hay participación en inicial, hay un adulto que escucha en situación y comparte la decisión: co-construcción turno a turno (Hicban, Theobald y Mascadri, 2024; Hicban, 2024), aulas galesas (Chicken y Tyrie, 2023; Waters-Davies et al., 2024), personal europeo que nombra las cuatro dimensiones (Barros et al., 2024; Correia et al., 2022), infantes que distinguen asamblea pasiva de influencia (Holla Sivertsen y Bjørgen, 2025), 346 infancias cuyas perspectivas pesaron en un marco nacional (Barblett et al., 2024, 2023) y un consejo de centro que no basta sin poder, relación y tiempo (Hildebrandt et al., 2026). El derecho vigente exige espacio, voz, audiencia e influencia, debido peso, supervisión humana, interés superior, umbral de edad para conversaciones independientes con plataformas generativas y, en la Unión Europea, tratar como de alto riesgo la IA que determina acceso, admisión, asignación, evaluación o nivel educativo (Ward y Lundy, 2024; Lundy et al., 2024; Comité de los Derechos del Niño, 2021; UNESCO, 2021; UNICEF, 2021; Miao y Holmes, 2023; Unión Europea, 2024; European Commission, 2022).
Donde las fuentes no miden un jardín, este artículo no lo afirma. Donde miden un botón, un avatar o un resumen, no las traduce en participación. Acompañar a niñas y niños de tres a seis años con participación es ejercer agencia, escucha situada y decisión compartida con adultos responsables. Lo demás es un input capturado por una interfaz. No es participación infantil, y no debe presentarse como lo que no es.
Laboratorio Editorial de NEXTECH.IA / Ingeniero Mitre.
Referencias
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